lunes, 8 de junio de 2015

Yo tengo un sueño: Se lo podré contar a mi hijo con la cabeza bien alta



Son muy pocos los hombres llamados a marcar una época, a dejar una huella impecable y son menos aún los que han logrado dejar un legado tan vivo en nuestro pueblo o en nuestro país. Carboneras necesita en estos momentos un “Adolfo Suárez”, un hombre capaz de restaurar la ética en la política y hacer realidad una idea de Carboneras basada en la concordia y el progreso.
La vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti.
Así pensaba él y así como presidente del Gobierno antepuso los intereses generales de un país a los suyos propios y logró ser un verdadero gobernante para todos los españoles. Su influencia determinante en la Transición y en la Constitución de 1978, así como su firmeza inquebrantable frente a los enemigos de la libertad sirvió para asentar con solidez las bases de la época de mayor progreso que nunca ha conocido nuestro país.
Y así es. Carboneras atraviesa una coyuntura política cargada de incertidumbre, y una situación económica preocupante, con tasas de paro muy altas y con una incidencia muy fuerte en la población juvenil. Yo no lo digo, lo dejo claro el 24-M y la realidad.
Sin embargo, el sentido común y la coherencia deberían ser unos protagonistas para encontrar salidas ante lo que tantos ven como un negro callejón. Gobernar no es sinónimo de que me das y que te doy. No es ser comparsa de nadie. No es un intercambio de cromos ni de sillones ni tan siquiera de cheques en blanco tan hartos que está la sociedad española. Se podrían poner decenas de ejemplos de corrupción y de todos los colores políticos. No es una caza de brujas. No es clientelismo político. No es ser el rodillo o la muletilla de unos pocos y la negación de los que no son míos. No son odios ni venganzas.
Faltan pocos días para que Carboneras tenga el mismo alcalde o uno nuevo. Y la llave de la ilusión de una nueva regeneración de nuestro pueblo la pueden tener varias personas, de uno o varios partidos, sírvanse ustedes mismos, que tendrán que decidir qué es lo que quieren hacer, y si repetir algún error que su partido ya cometió en los últimos años y le llevó a una situación de dificultad el 24-M y acabar haciendo de sus siglas un partido sin capacidad de alternativa de gobierno y en vías de desaparición tras un nuevo traspiés y tropezón.
O si lo que quieren o lo que deben hacer es pensar esto muy bien, evaluar la situación, respetar la voz de los ciudadanos porque siempre le podrán decir a sus hijos y nietos, yo conseguí cerrar heridas, borrar cicatrices, restaurar nuevos valores y devolver a Carboneras al curso de su historia abriéndole las puertas de nuevos y grandes proyectos. Y voy a ir con la cabeza bien alta, con honradez y humildad.
Un político no puede ser un hombre frío. Su primera obligación es no convertirse en un autómata. Tiene que recordar que cada una de sus decisiones afecta a seres humanos. A unos beneficia y a otros perjudica. Y debe recordar siempre a los perjudicados.
El presidente Suárez nos enseñó a todos que, incluso en los momentos más difíciles, no hay aspiración que no esté al alcance de nuestro esfuerzo solidario. Nada de ello hubiera sido posible sin las herramientas de la gran política: su espíritu de consenso y de diálogo, su capacidad para el pacto.
Es urgente forjar una Carboneras donde las diferencias, lejos de causar incompatibilidades, puedan unirse para fortalecer el pueblo que todos queremos. Nuestros hijos tienen que crecer en un nuevo escenario, de positivismo, de apertura y de oportunidades de futuro.
Navegar sin naufragar por el mundo requiere una brújula. Porque no basta con querer: hay que implicarse y mojarse; no basta con oír: hay que escuchar atentamente; no basta con llorar: hay que aprender a superar el dolor. No basta con intentar resolver los problemas: hay que cooperar y buscar puntos de unión. Y sobre todo, dar utilidad a la política, como un deber de todos. 

Hay una gran cantera capaz de hacer las cosas de otra manera, al servicio de los demás, no como negocio privado. Son nuevos tiempos de política, de cambio, pero quizás algunos no lo sepan ver o no quieran aceptarlo por miedo o por presión o porque no le da la gana, simplemente. Luego será tarde. El tiempo es ahora. Tienen la oportunidad de demostrar que otra forma es posible, dando un paso atrás e imponiendo la seridad, el programa, la transparencia, las ganas, la cordura... algo de lo que tan escaso está la política.